El momento llegó. Ese al que nadie se quiere enfrentar. En el que hay que tomar la decisión de dejar de lado algo que vimos nacer, que criamos y que cuidamos en cada momento como si fuese uno más de nosotros. Algo que queremos mucho, pero con el que no podemos continuar.
La agonía finalmente terminó. PDA encontró un muro imposible de superar en su camino. Quisimos treparlo con él, saltarlo, bordearlo, pero el cansancio nos superó. Buscamos miles de soluciones pero el muro nos terminó ganando. Pasarlo, significa dejar atrás a PDA y, lamentablemente, muchas veces en la vida hay que seguir solos.
Siempre con la soga contra el cuello, pero tratando de ver la luz al final del camino. La veíamos, sabíamos que estaba allí y cada vez más cerca. Lamentablemente eran las luces de un camión de carga brasilero que nos agarró de lleno y nos partió al medio. Estamos paralíticos periodísticamente, con dos entrevistas fracturadas y una galería de fotos amputada.
Intentamos ser los mejores. Intentamos hacer buen periodismo, si es que hay del bueno y del malo. Intentamos no ser como varios de los otros, que son los más vendidos del país, pero que se toman la profesión como un negocio que vende a través de noticias sin sentido y amarillistas. No queremos citar a nadie porque no pretendemos terminar mal con nadie, pero lo de Ovación es increíble…
Es que contra las multinacionales nunca se pudo... Ni se podrá. Si tenés un carrito de chorizos no pretendas competir contra McDonalds. Ellos tienen la cajita feliz, que cada vez viene peor (tres papas y un nugget de hamburguesa); pero siempre será la cajita feliz.
Quisimos plasmar nuestra juventud en las notas, en los títulos o en la sección de humor, pero las canas nos empezaron a tapar la cabeza. Quisimos imponer nuestra frescura y nuestro hambre de ir por más, pero nos dimos cuenta que eso de pasar hambre no estaba tan bueno. Quisimos dejar nuestro sello, pero bue, qué selló… No se pudo.
La verdad que la pasamos bárbaro. Cubrimos unos Juegos Olímpicos a puro huevo y hasta, de caretas, metimos notas de lucha grecorromana y gimnasia artística. Aprendimos algo de pelota vasca en los Panamericanos, ganamos un scrum, pedaleamos por todo el mundo, exprimimos la naranja y bajamos un cambio con la Fórmula 1. Todo eso mientras jugábamos a la pelotita en todo momento. No podemos quejarnos.
Deporte y periodismo. Justito. Nos venía al pelo como profesión. ¿Qué nos paguen por mirar fobal? ¡Jajaja! ¿A quién no le gusta? Pero claro, el tema económico es jodido y estas jóvenes almas crecieron casi dos años y las responsabilidades comenzaron a acumularse. Y las cuentas empezaron a llegar a nuestros nombres. Y los papis ya no nos daban plata para todo, te hacen decidir entre darte plata para la droga o para PDA. Y PDA de a poco se fue quedando sin un sope.
Como buenos caballeros que somos, tendríamos que terminar diciéndole ¡GRACIAS! a todos los que nos apoyaron en este hermoso proyecto que formamos. A nuestro pequeño GRAN público que estuvo siempre al firme con la misma sintonía que nosotros, con ganas de leer algo que le deje una pequeña sonrisa en su rostro.
Deberíamos agradecer una y otra vez a nuestras familias, amigos, novias, novios y travas que se bancaron estar al lado nuestro sin hablarnos mientras nosotros escribíamos alguna nota y quedábamos por horas pegados a la pantalla.
No podríamos olvidarnos de los grandes amigos y colegas de Llama Celeste, ni del gran (literalmente) Andrés Cottini o de Pablo Benítez, por estar siempre colaborando con nosotros desde lo periodístico y dando para adelante; compitiendo sanamente. O de los artistas que decoraron la página con sus notas de opinión o humor, como Santiago Díaz, Xavier Anibal Font o Andrés Reyes.
Cada uno merece un capítulo aparte (como nuestros auspiciantes Pizzería Orión o Ferrodigital). Pero en esta ocasión, PDA quiere despedirse de todos aquellos que nos han puteado a lo largo de este tiempo. De esos que nos han catalogado de “manyas”, “bolsos”, “gallinas” o “página de mierda”. De esos que se acordaron de nuestra familia, de las partes íntimas de nuestras mamás, hermanas y abuelas. Es a ellos, a los que PDA, antes de partir, les quiere decir: ¡Váyanse a cagar!